Conmovedora y, al mismo tiempo, estremecedora es la actuación de Robert de Niro en El Rey de la Comedia, una de las mejores películas de Scorsese (y uno de sus fracasos en taquilla más sonados, prueba de lo injusto que es Hollywood en ocasiones). Su personaje de Rupert Pupkin, obsesionado con la fama y el reconocimiento del público hasta un extremo enfermizo, es un auténtico ejemplo de interpretación y debería ser asignatura obligatoria en toda escuela de cine o teatro (siempre y cuando se disfrute en la película en versión original: el doblaje no le hace justicia). Aunque tampoco debemos olvidar a Sandra Bernhard ni a Jerry Lewis (especialmente antipático en su papel, con el contraste entre su imagen pública de cómico afable y simpático, y la manera en que trata a los demás en privado).

La imagen pública y la imagen privada. Cómo se comportan los famosos en público y en su casa. Jerry Langford es encantador frente a su audiencia, pero cuando sale del estudio es un personaje antipático y tirano. Quizás por eso la película no tuvo el éxito que merecía a pesar de sus indudables valores. La gente quiere que sus ídolos sean perfectos, una especie de terapeutas disponibles con sólo pulsar el mando a distancia. En el fondo, intuimos que lo que hay delante de las cámaras no es del todo cierto, pero nos gusta pensar que ese mundo es tal cual se nos presenta, sin trampa ni cartón…