El cine de terror actual me parece decepcionante. Cuando no se hacen remakes de películas japonesas de terror (que, a su vez, se copian a sí mismas), se ruedan cosas como Saw (todavía no acabo de entender el éxito de estas películas más bien aburridas), nuevas entregas de La Matanza de Texas (que, en el fondo, son la misma película con otros actores) o refritos como Van Helsing o Underworld, que mezclan personajes en un cóctel poco sabroso (exceptuando a Kate Beckinsale, la única razón por la que disfruto de Underworld).

Pero Dawn of the Dead de Zack Snyder sí merece la pena. El comienzo de la película es de lo mejorcito que ha dado el cine en los últimos años, pero no sólo eso, sino que es una película imprevisible, cosa inaudita dada el manido argumento que suelen incluir las películas de zombis. Por no mencionar el sutil sentido del humor que trae, ausente de la mayoría de películas del género recientemente (¿realmente deben estar todos los personajes de Underworld con esa cara de palo?) y los efectos, casquería nada fina (como debe ser.)

Snyder puede convertirse en uno de los directores favoritos del género fantástico, con sus nuevos proyectos, Los 300 y Watchmen.

Jay y Bob el silenciosoEs una comedia y te provoca la risa durante la película, pero después te queda la sensación de que la cosa no es para reírse. Y es que, cuando contemplas a veinteañeros que están “quemados” en empresas que pagan mal y en las que se aburren, te das cuenta del mensaje de Kevin Smith. En el fondo, no es tan gracioso como parece…

Clerks fue aclamada desde el momento de su estreno y sirvió para lanzar la carrera de su director, aunque no creo que haya conseguido una película tan redonda como esa (eso sí, todas son recomendables). La secuela estrenada hace poco decepciona ligeramente, pero Kevin Smith es uno de los directores más interesantes del momento, con esa capacidad de conectar con la gente de su generación que no todos tienen.

En esta página se han recopilado los mejores efectos especiales de los últimos 30 años, empezando por Star Wars y terminando por El Día de Mañana. Nada que objetar, exceptuando la no inclusión de la película de Final Fantasy, que ofrecía que ofrecía unos actores digitales casi perfectos antes de The Polar Express…

Si se puede criticar algo de la lista, es que no menciona nada antes de Star Wars, a pesar de ser una lista de “los mejores efectos especiales de la historia.” Es un error no mencionar a pioneros tan relevantes como George Meliés, Segundo de Chomón, Ray Harryhausen y otros. O los espectaculares efectos de La Novia de Frankenstein (los hombres diminutos todavía siguen causando sensación), Planeta Prohibido o el increíble maquillaja de Un Hombre Lobo Americano en Londres. Por citar sólo unos pocos…

Conmovedora y, al mismo tiempo, estremecedora es la actuación de Robert de Niro en El Rey de la Comedia, una de las mejores películas de Scorsese (y uno de sus fracasos en taquilla más sonados, prueba de lo injusto que es Hollywood en ocasiones). Su personaje de Rupert Pupkin, obsesionado con la fama y el reconocimiento del público hasta un extremo enfermizo, es un auténtico ejemplo de interpretación y debería ser asignatura obligatoria en toda escuela de cine o teatro (siempre y cuando se disfrute en la película en versión original: el doblaje no le hace justicia). Aunque tampoco debemos olvidar a Sandra Bernhard ni a Jerry Lewis (especialmente antipático en su papel, con el contraste entre su imagen pública de cómico afable y simpático, y la manera en que trata a los demás en privado).

La imagen pública y la imagen privada. Cómo se comportan los famosos en público y en su casa. Jerry Langford es encantador frente a su audiencia, pero cuando sale del estudio es un personaje antipático y tirano. Quizás por eso la película no tuvo el éxito que merecía a pesar de sus indudables valores. La gente quiere que sus ídolos sean perfectos, una especie de terapeutas disponibles con sólo pulsar el mando a distancia. En el fondo, intuimos que lo que hay delante de las cámaras no es del todo cierto, pero nos gusta pensar que ese mundo es tal cual se nos presenta, sin trampa ni cartón…

“La repetición de una vida lúcida o muy lúcida no llevaría sino a la veladura personal, de la misma manera que la total exposición a la luz deshace la fotografía.

“Pasar de lo bueno a lo regular, transitar desde la alerta a la modorra, desde la vivacidad a la ataraxia a través de sus infinitas gamas debiera ser valorado tal como toda aventura que, en su esencia, invoca la experimentación, lo desconocido o lo menos común.

“Estimularse para no decaer, engullir píldoras para no parar, culpabilizarse para no sucumbir, anula grandes espacios palpitantes. “

(Merece la pena leer el artículo completo de Vicente Verdú)

¿Prisión por un blog?Habrá que tener cuidado con lo que uno dice por aquí, tras leer la interesante recopilación de delitos que se pueden cometer en un blog. Lo curioso es que, si uno ve un poco la televisión, puede comprobar como estas normas se vulneran continuamente y se cometen delitos de calumnias, revelación de secretos e injurias en los llamados programas “del corazóntelebasuraSupongo que será cuestión de tener dinero para pagar abogados y/o sobornos, porque si no no se explica cómo pueden continuar vulnerando el Código Penal a diario.

(Vía Menéame)

Cartel de Gilda“Te interesa saber lo mucho que te odio? Te odio de tal modo que buscaría mi perdición para destruirte conmigo.” Es el resumen perfecto de Gilda, una película donde el odio entre la bella protagonista y Johnny Farrell se palpa en cada secuencia. ¿Qué pasó entre ellos? No lo sabemos exactamente, pero lo intuimos.

Gilda es el prototipo de mujer fatal, la perdición de los hombres que se acercan a ella. Bella, encantadora y sensual, pero al mismo tiempo manipuladora, caprichosa y frágil (“hago lo que quiero cuando quiero”). Un personaje que hoy sería la protagonista de un vulgar culebrón, pero que en manos del Hollywood de la época dorada se convirtió en una de las mujeres emblemáticas de la historia del cine.

Gilda es una película apasionada como sus protagonistas, una pasión aparentemente contenida que sólo se refleja en las miradas y en unos diálogos sin estridencias, pero que estalla en cada secuencia en la que Gilda y Johnny aparecen juntos. El amor y el odio nunca estuvieron mejor reflejados que en este extraordinario y legendario film, sólo posible en el Hollywood de la época.

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